La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Es mi ataúd. Todos mis amigos reposan en el fondo de los mares y yo quiero reposar con ellos.
Un silencio profundo acogió estas palabras del capitán.
-Escúchenme -añadió-. El Nautilus está aprisionado en esta gruta, cuya entrada se ha levantado desde que está aquí. Pero, si no puede dejar su prisión, puede al menos hundirse en el abismo y conservar allí mi despojo mortal. Los colonos escuchaban religiosamente las palabras del moribundo. Mañana, después de mi muerte, señor Smith, usted y sus compañeros dejarán el Nautilus, porque todas las riquezas que contiene deben desaparecer conmigo. Un solo recuerdo les quedará a ustedes del príncipe Dakkar, cuya historia ya conocen.
Ese cofrecillo... que está ahí... contiene muchos millones de diamantes, la mayor parte recuerdos de la época en que, padre y esposo, casi llegué a creer en la felicidad, y una colección de perlas recogidas por mis amigos y por mí en el fondo de los mares. Con ese tesoro, en un día dado, podrán hacer buenas cosas. En manos como las suyas y las de sus compañeros, señor Smith, la riqueza no puede ser peligrosa. Yo, desde allá arriba, me veré asociado a sus obras, sin que me dé recelo esta asociación -después de unos instantes, requerido por su extrema debilidad, continuó el capitán Nemo en estos términos-: