La Isla misteriosa

La Isla misteriosa

Todos se detuvieron dejando la litera sobre la arena. Ciro Smith dormía profundamente y no se despertó. Pencroff, con gran sorpresa y disgusto, pudo entonces observar que la terrible tempestad del día anterior había modificado el aspecto de los lugares. Habían tenido lugar sucesos importantes. Grandes pedazos de roca yacían sobre la arena, y un espeso tapiz de hierbas marinas, fucos y algas cubría toda la playa. Era evidente que el mar, pasando sobre el islote, había llegado hasta el pie de la cortina enorme de granito.

Delante del orificio de las Chimeneas, el suelo, lleno de barrancos, había experimentado un violento asalto de olas.

Pencroff tuvo como un presentimiento que le atravesó el alma. Se precipitó en el corredor. Pocos instantes después salía y permanecía inmóvil mirando a sus compañeros.

El fuego estaba apagado. Las cenizas no eran más que barro. El trapo quemado, que debía servir de yesca, había desaparecido. El mar había penetrado hasta el fondo de los corredores y todo lo había transformado y destruido dentro de las Chimeneas.

9. Fuego y carne

En pocas palabras Gedeón Spilett, Harbert y Nab fueron puestos al corriente de la situación.


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