La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Ciro Smith no había contestado. Parecía preocuparse muy poco por la cuestión del fuego. Durante algunos instantes permaneció absorto en sus reflexiones. Después volvió a tomar la palabra.
-Amigos míos -dijo-, nuestra situación quizá es muy deplorable, pero en todo caso también es muy sencilla. O estamos en un continente, y entonces, a costa de fatigas más o menos grandes, llegaremos a algún punto habitable, o bien estamos en una isla, y en este último caso: si la isla está habitada, tendremos que relacionarnos con sus habitantes; si está desierta, tendremos que vivir por nosotros mismos.
-¡Sí que es sencillita la cosa! -añadió Pencroff.
-Pero sea isla o continente -preguntó Gedeón Spilett-, ¿dónde le parece a usted que hemos sido arrojados?