La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Bien dicho! -exclamó Pencroff-, y completaremos la imagen denominando “cabo de Mandíbula” a las dos partes que forman la boca.
-Pero hay dos cabos -observó el corresponsal.
-¡Es igual! -contestó Pencroff-, tendremos el cabo Mandíbula al norte y el cabo Mandíbula al sur.
-Ya están inscritos -respondió Gedeón Spilett.
-Falta dar nombre a la punta sudeste de la isla -dijo Pencroff.
-Es decir, al extremo de la bahía de la Unión -respondió Harbert.
-Cabo de la Garra -exclamó Nab-, que quería también, por su parte, ser padrino de algún sitio de sus dominios.
Y, en verdad, Nab había encontrado una denominación excelente, porque aquel cabo representaba la poderosa garra del animal fantástico que figuraba aquella isla tan singularmente dibujada. Pencroff estaba encantado del giro que tomaban las cosas, y las imaginaciones, un poco sobreexcitadas, pronto encontraron las denominaciones siguientes:
Al río que abastecía de agua potable a los colonos, y cerca del cual les había arrojado el globo, el nombre de “Merced”, verdadera acción de gracias a la Providencia.