La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Sí, amigos míos -repuso el ingeniero-, tales son las progresiones aritméticas de la fecunda naturaleza. ¿Qué es, después de todo, esa multiplicación del grano de trigo, cuyas diez espigas no tienen más que 800 granos, comparada con la de esos pies de adormideras, que llevan 32.000, o con los de tabaco, que producen 460.000? En pocos años, si no fuera por las muchas causas de destrucción que ponen límite a su fecundidad, esas plantas invadirían toda la tierra. Pero el ingeniero no había terminado su pequeño interrogatorio.
-Y ahora, Pencroff -añadió-, ¿sabe usted cuántas fanegas de trigo representan esos 400.000 millones de granos?
-No -respondió el marino-; sólo sé que soy un burro.
-Pues bien, harían más de un millón a razón de 390.000 granos por fanega.
-¡Un millón! -exclamó Pencroff.
-¡Un millón!
-¿En cuatro años?
-En cuatro años -contestó Ciro-, y aun en dos años, si, como espero, podemos en esta latitud obtener dos cosechas al año. A esto, según su costumbre, Pencroff no pudo por menos de contestar con un hurra formidable.