La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¿A qué distancia del mar dejasteis la tortuga? -preguntó el ingeniero, que, habiendo suspendido su trabajo, reflexionaba sobre aquel incidente.
-A unos quince pies, al máximo -respondió Harbert.
-¿Y la marea estaba baja?
-SÃ, señor.
-Entonces -dijo el ingeniero-, lo que la tortuga no pudo hacer en la arena, lo habrá podido hacer en el agua. Se habrá vuelto al subir la marea y llegado tranquilamente al mar.
-¡Ah, qué torpes hemos sido! -exclamó Nab.
-Eso es precisamente lo que he tenido el honor de deciros -repuso Pencroff.
Ciro Smith habÃa dado aquella explicación, que era, sin duda, admisible. ¿Pero estaba perfectamente convencido de su explicación? No nos atreverÃamos a asegurarlo.
