La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Hacía media hora que estaba subiendo la marea; por tanto, los viajeros tenían algunas horas de navegación que convenía aprovechar, porque después del reflujo sería difícil la subida por el río. El flujo era ya fuerte, pues la luna debía entrar en su lleno a los tres días, y la piragua, con sólo el cuidado de mantenerla en la corriente, bogó con rapidez entre las dos altas orillas, sin que hubiese necesidad de acrecentar su marcha con los remos.
En pocos minutos los exploradores llegaron al recodo que formaba el río de la Merced y precisamente al ángulo donde siete meses antes Pencroff había dispuesto su primer cargamento de leña. Después de formar aquel ángulo, bastante agudo, el río, describiendo una curva, se dirigía hacia el sudeste, dilatándose su cuerpo a la sombra de grandes coníferas, siempre verdes.