La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Entre las armas se escogieron los dos fusiles de chispa, más útiles en la isla que los de pistón, porque no necesitaban sino piedra sÃlice, fácil de reemplazar, mientras que estos últimos exigÃan también pistones, que se acabarÃan pronto si se hacÃa un uso frecuente de ellos. Sin embargo, se llevaron también una carabina y algunos cartuchos. Respecto a la pólvora, de la cual los barriles contenÃan 50 libras, fue preciso llevar una buena provisión; pero el ingeniero se proponÃa elaborar más adelante una sustancia explosiva que la sustituyera. Unieron a las armas de fuego cinco machetes con sus buenas vainas de cuero, y asà preparados los colonos podÃan aventurarse por el interior de aquel vasto bosque, con grandes probabilidades de dominar todos los peligros que pudieran presentarse.
Es inútil decir que Pencroff, Harbert y Nab iban armados hasta los dientes, aunque Ciro Smith les habÃa hecho prometer que no dispararÃan sino en caso de necesidad.
A las seis de la mañana echaron al mar la piragua y todos se embarcaron, incluso Top, dirigiéndose a la desembocadura del rÃo de la Merced.