La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Hasta entonces los fusiles no habían hablado, y la primera detonación que se oyó en aquella selva del Far-West fue consecuencia de la aparición de un ave hermosísima, que anatómicamente se parecía a un martín pescador.
-¡La conozco! -exclamó Pencroff y soltó el tiro a pesar suyo. -¿A quién conoce? -preguntó el periodista.
-A esa ave que se nos escapó en la primera excursión, cuyo nombre hemos puesto a esa parte de la selva.
-¡Un jacamar! -exclamó Harbert.
Era un jacamar, hermosa ave, cuyo plumaje espeso está revestido de un brillo metálico.
Algunos perdigones le habían hecho caer a tierra y Top lo llevó a la piragua, al mismo tiempo que una docena de turacos loris, especie de trepadores del tamaño de una paloma, pintarrajeados de verde, con una parte de las alas de color carmesí y un moño prominente, festoneado de blanco.