La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Ayrton se precipitó sobre la mano que le tendía Ciro Smith y unas lágrimas corrieron por sus mejillas.
-¿Quiere vivir con nosotros? -preguntó de nuevo el ingeniero.
-Señor Smith, déjeme tiempo todavía -contestó Ayrton-, déjeme solo en esa habitación de la dehesa.
-Como desee -repuso Ciro Smith.
Ayrton iba a retirarse, cuando el ingeniero le dirigió otra pregunta.
-Una palabra más, amigo mío. Puesto que su intención era vivir aislado, ¿por qué echó al mar el documento que nos hizo saber dónde se hallaba?
-¿Un documento? -preguntó Ayrton, que parecía no saber lo que se le preguntaba.
-Sí, el papel encerrado en una botella que nosotros encontramos y que daba la situación exacta de la isla Tabor.
Ayrton se pasó la mano por la frente y, después de haber reflexionado, dijo:
-Yo no he echado ningún documento al mar.
-¿Nunca?
-Nunca.
Y Ayrton, haciendo una reverencia, se fue hacia la puerta y se marchó.