La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Sí, sí...! Fue una idea feliz -repuso el ingeniero.
-Y ahora -añadió el marino-, a no ser que a Ayrton se le ocurra la misma idea, no habrá nadie que pueda hacernos este pequeño servicio.
-No, nadie -contestó Ciro Smith.
Pocos instantes después, hallándose solo en la proa de la embarcación con el periodista, se inclinó a su oído y le dijo:
-Si hay algo cierto, Spilett, es que yo no he encendido hoguera ninguna en la noche del 19 al 20 de octubre, ni en la meseta del Palacio de granito ni en ninguna otra parte de la isla.
