La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Nab y Pencroff subieron inmediatamente al Palacio de granito y bajaron con las municiones. Gedeón Spilett y Ayrton, ambos excelentes tiradores, tomaron las dos carabinas de precisión, que alcanzaban a una milla de distancia, y los otros cuatro fusiles se repartieron entre Ciro Smith, Nab, Pencroff y Harbert.
Así se arreglaron los puestos avanzados.
Ciro Smith y Harbert se quedaron emboscados en las Chimeneas, dominando la playa, al pie del Palacio de granito, en un radio bastante grande.
Gedeón Spilett y Nab fueron a esconderse entre las rocas, en la desembocadura del río de la Merced, cuyo puente, así como los puentecillos, habían sido levantados con el objeto de impedir todo paso en canoa y todo desembarco en la orilla opuesta. Ayrton y Pencroff lanzaron al mar la piragua y se dispusieron a atravesar el canal para ocupar separadamente dos posiciones en el islote. De esta manera, haciéndoles fuego en cuatro puntos diferentes, los piratas deberían pensar que la isla estaba suficientemente poblada y al mismo tiempo bien defendida.
En el caso que se efectuara un desembarco sin que lo pudieran impedir o en el de verse rodeados por alguna embarcación del brick, Pencroff y Ayrton debían volver con la piragua a la isla y dirigirse al punto más amenazado.