La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Sin embargo, el Speedy permanecía mudo. Se veían unos treinta piratas ir y venir por el puente. Algunos habían subido a la toldilla; otros dos, situados en las barras del juanete mayor y provistos de catalejos, observaban la isla con atención.
Bob Harvey y su tripulación difícilmente se explicaban lo que había pasado la noche anterior a bordo del brick. Aquel hombre medio desnudo, que había tratado de forzar la puerta de la santabárbara y contra el cual había luchado, que había descargado seis veces el revólver contra ellos y que había matado a uno y herido a dos, ¿había podido escapar de sus balas? ¿habia podido volver a la isla a nado? ¿De dónde venía y qué iba a hacer a bordo del buque? ¿Su proyecto era realmente el de volar el brick, como pensaba Bob Harvey?
Todo esto debía ser muy confuso para los presidiarios, pero lo que no podía dudarse era que la isla desconocida, ante la cual había anclado el brick, estaba habitada y tenía, quizá, una colonia dispuesta a defenderla. Y, sin embargo, nadie se presentaba, ni en la playa ni en las alturas: el litoral parecía absolutamente desierto y no había señal de habitación.
¿Habrían huido los habitantes hacia el interior?
Esto era lo que se preguntaban el jefe y los piratas, y sin duda, aquél, como hombre prudente, trataba de reconocer el país antes de empeñar su gente en una acción.