La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -No atraviesan el canal -dijo el marino-. Las carabinas de Ayrton y del señor Spilett están ahí para impedírselo. Ya sabe que alcanzan más de una milla.
-Sin duda -contestó Harbert-, ¿pero qué pueden hacer dos carabinas contra los cañones del brick?
-El brick no está todavía en el canal, me parece a mí -repuso Pencroff.
-¿Y si viene? -dijo Ciro Smith.
-Es imposible, porque se arriesgaría a encallar y a perderse.
-Es posible -repuso entonces Ayrton-. Los piratas pueden aprovechar la marea alta para entrar en el canal, aunque luego encallen a marea baja, y entonces, bajo el fuego de sus cañones, nuestras posiciones no serían ya sostenibles.
-¡Mil diablos del infierno! -exclamó Pencroff-. Parece, en verdad, que esa canalla se prepara a levar anclas.
-Tal vez nos veamos obligados a refugiarnos en el Palacio de granitoobservó Harbert. -Esperemos -repuso Ciro Smith.
-¿Pero Nab y el señor Spilett? -observó Pencroff.