La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Ya se nos unirán a su debido tiempo. Esté preparado, Ayrton. Su carabina y la de Spilett son las que deben hablar ahora. Era cierto. El Speedy comenzaba a virar sobre su ancla y manifestaba la intención de acercarse al islote. La marea debía subir durante hora y media y, habiendo disminuido la corriente del flujo, hacía fácil la maniobra para el brick. Pero, en cuanto a entrar en el canal, Pencroff, contra la opinión de Ayrton, no podía admitir que pensasen intentarlo. Durante este tiempo los piratas que ocupaban el islote se habían acercado a la orilla opuesta y estaban separados de la tierra sólo por el canal. Armados de fusiles, no podían hacer daño a los colonos ocultos en las Chimeneas y en las desembocaduras del río de la Merced, pero, no creyéndolos provistos de carabinas de largo alcance, pensaban que no corrían peligro alguno y paseaban por la isla a pecho descubierto, acercándose continuamente a la playa.
Sus ilusiones duraron poco. Las carabinas de Ayrton y de Gedeón Spilett hablaron y dijeron cosas desagradables a dos de los piratas, pues cayeron tendidos de espaldas.
Entonces, los demás se desbandaron, sin aguardar siquiera a recoger a sus compañeros heridos o muertos. Pasando a toda prisa al otro lado del islote, se lanzaron a la embarcación que les había llevado y se dirigieron al brick.