La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Ocho menos! -gritó Pencroff-. Verdaderamente parece que Ayrton y el señor Spilett obedecen perfectamente a la consigna para operar.
-Señores -dijo Ayrton volviendo a cargar su carabina-, la cosa se va poniendo fea, porque el brick apareja.
-El ancla está a pique... -repuso Pencroff.
-Sí, ya larga el fondo.
En efecto, se oía claramente el ruido metálico del linguete, que chocaba sobre el montante a medida que viraba el brick. El Speedy había sido atraído al principio por su ancla, y después, cuando ésta estuvo arrancada del fondo, comenzó a derivar hacia la costa. El viento soplaba del mar; se izaron el foque mayor y la gavia y el buque se fue acercando poco a poco a tierra.
Desde las dos posiciones de la Merced y de las Chimeneas le miraban los colonos maniobrar sin dar señales de vida, pero no sin cierta emoción. Los colonos iban a verse en una situación terrible, cuando a corta distancia se vieran expuestos al fuego de los cañones del brick y sin poder responder útilmente. ¿Cómo impedir entonces el desembarco de los piratas?