La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Ciro Smith comprendía perfectamente el peligro y se preguntaba para sí qué se debía hacer. Dentro de poco tendría que tomar una determinación. ¿Pero cuál? ¿Encerrarse en el palacio de granito, dejarse sitiar, mantenerse en él por espacio de semanas y aun de meses, puesto que tenían víveres en abundancia? ¡Bien!, ¿y después? Los piratas no por eso dejarían de ser dueños de la isla, la arrasarían y con el tiempo acabarían por vencer y dominar a los presos del Palacio de granito. Quedaba, sin embargo, una probabilidad, y era que Bob Harvey no se aventurase con su buque a entrar en el canal y que se mantuviera apartado en el islote. Entonces les separaría media milla de la costa y a tal distancia sus tiros no podían ser tan duros.
-Jamás -repetía Pencroff-, jamás ese Bob Harvey, por lo mismo que es un buen marino, se arriesgaría a entrar en el canal. Sabe que sería arriesgar el brick por poco que empeorase el estado del mar, y ¿qué sería de él sin su buque?