La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Maldición, estamos descubiertos! -exclamó Pencroff. Quizá los colonos no habÃan sido vistos, pero seguramente Bob Harvey habÃa juzgado oportuno enviar un proyectil a través del follaje sospechoso que ocultaba la parte alta del muro. En breve redobló sus golpes, cuando otra bala, habiendo roto la cortina del follaje, dejó ver una gran abertura en el granito.
La situación de los colonos era desesperada. Su retiro estaba descubierto. No podÃan poner obstáculo alguno a aquellos proyectiles, ni preservar la piedra, cuyos trozos volaban en metralla a su alrededor. No tenÃan más remedio que refugiarse en el corredor superior del Palacio de granito y abandonar su morada a todas las devastaciones, cuando se oyó un ruido sordo que fue seguido de gritos espantosos. Ciro Smith y los suyos se precipitaron a una de las ventanas. El brick, irresistiblemente levantado por una especie de tromba lÃquida, acababa de abrirse en dos, y en menos de dos segundos se habÃa sumergido con toda su criminal tripulación.
-¡Volaron! -exclamó Harbert.
-SÃ, han volado, como si Ayrton hubiese dado fuego a la pólvora -dijo Pencroff, precipitándose al ascensor al mismo tiempo que Nab y el joven.
