La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Mil diablos! -exclamó Pencroff-, difícilmente podría ponerse a flote este buque. -No será difícil, sino imposible -dijo Ayrton.
-En todo caso -observó Gedeón Spilett al marino-, la explosión, si ha habido explosión, ha producido singulares efectos. Ha reventado el casco del buque en todas sus partes inferiores, en vez de hacer saltar el puente y la obra muerta. Estas aberturas parecen más bien efecto del choque de un escollo, que de la explosión de un pañol de pólvora.
-No hay escollo en el canal -replicó el marino-. Admito todo lo que quiera, excepto el choque contra una roca.
-Tratemos de penetrar en el interior del brick -dijo el ingeniero-y tal vez sabremos a qué atenernos sobre la causa de su destrucción. Era el mejor partido que se podía tomar y convenía, además, inventariar todas las riquezas que había a bordo y disponerlo todo para su salvamento.