La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Transcurrió la noche sin que los presidiarios intentaran ninguna agresión. Maese Jup y Top, de guardia al pie del Palacio de granito, no habrían dejado de avisar su presencia.
Los tres días que siguieron, 19, 20 y 21 de octubre, fueron empleados en salvar todo lo que podía tener algún valor o alguna utilidad en el cargamento o en el aparejo del brick. Durante la baja marea los colonos desocuparon la bodega, y en la marea alta almacenaban los objetos salvados. Pudo arrancarse gran parte del forro de cobre que cubría el casco, el cual cada vez se hundía más en la arena. Antes que ésta se hubiese tragado los objetos pesados, que habían caído en el fondo, Ayrton y Pencroff se sumergieron varias veces hasta el lecho del canal y encontraron las cadenas y las áncoras del brick, los lingotes de lastre y hasta los cuatro cañones, que, puestos a flote por medio de barricas vacías, pudieron sacarlos a tierra.
El arsenal de la colonia no había ganado menos que las oficinas y almacenes del Palacio de granito. Pencroff, siempre entusiasta en sus proyectos, hablaba de construir una batería, que dominase el canal y la desembocadura del río. Con cuatro cañones se comprometía a impedir que entrase en las aguas de la isla Lincoln una escuadra “por poderosa que fuese”.