La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Pero ¿y si hubiera chocado con este pedazo de hierro? -dijo el ingeniero, enseñandole el cilindro roto.
-¿Con ese tubo? -exclamó Pencroff con tono de incredulidad completa.
-Amigos míos -repuso Ciro Smith-, ¿recuerdan que antes de hundirse el brick se levantó una verdadera tromba de agua?
-Sí, señor -contestó Harbert.
-Pues bien, ¿quieren saber lo que produjo la tromba? Esto -dijo el ingeniero enseñándoles el tubo roto.
-¿Eso? -preguntó Pencroff.
-Sí, este cilindro es todo lo que queda de un torpedo.
-¡Un torpedo! -exclamaron los compañeros del ingeniero.
-¿Y quién habría puesto allí este torpedo? -preguntó Pencroff, que no quería rendirse de modo alguno.
-Lo que puedo decir es que no he sido yo -contestó Ciro Smith-, pero el torpedo estaba allí y han podido ustedes juzgar su incomparable potencia.
