La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Tiene razón de hablar así, querido Ciro -dijo Gedeón Spilett-. Sí, hay un ser casi omnipotente oculto en alguna parte de la isla, cuya influencia ha sido singularmente útil para nuestra colonia. Añadiré que ese desconocido me parece que dispone de medios de acción que tienen algo de sobrenaturales, si fuese aceptable lo sobrenatural en los hechos de la vida práctica. ¿Es él quien se pone en comunicación secreta con nosotros por el pozo del Palacio de granito y ha tenido conocimiento de nuestros proyectos? ¿Es él quien nos ha echado al mar la botella cuando la piragua hacía su primera excursión? ¿Es él quien no envió a Top fuera de las aguas del lago y dio la muerte al dugongo? ¿Es él, como todo induce a creerlo, quien salvó de las olas a Ciro, en circunstancias en que cualquier hombre ordinario no hubiera podido obrar? Sí es él, posee un poder que le hace dueño de los elementos.
La observación del periodista era justa y a todos les pareció correcta.
-En efecto -añadió Ciro Smith-, si la intervención de un ser humano no es dudosa para nosotros, tampoco se puede dudar que éste posee medios de acción superiores a los que están al alcance de la humanidad. Ese es otro misterio, pero, si descubrimos al hombre, el misterio quedará