La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Pencroff, teniendo la cuerda del estopín, estaba preparado para hacer fuego. A una señal de Ciro Smith, salió el tiro. La bala, dirigida hacia el mar, pasó por encima del islote y fue a perderse a lo lejos, a una distancia que no se pudo apreciar con exactitud. El segundo cañón fue apuntado hacia las últimas rocas de la punta del Pecio y el proyectil, dando en una piedra aguda, a unas tres millas del Palacio de granito, la hizo volar en pedazos. Harbert había apuntado el cañón y tirado. Se quedó orgulloso del éxito de su primer ensayo. Pero más orgulloso que él estaba Pencroff de aquel tiro que redundaba en honor de su querido niño. El tercer proyectil, lanzado hacia las dunas que formaba la costa superior de la bahía de la Unión, dio en la arena, a una distancia por lo menos de cuatro millas, y después de haber rebotado se perdió en el mar, en medio de una nube de espuma.