La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Ahora bien -dijo Ciro Smith a sus compañeros-, la celeridad inicial está en razón directa de la cantidad de pólvora que se utiliza. Toda la cuestión se reduce en la construcción de piezas de artillería al uso de un metal lo más resistente posible, y el acero es el metal que resiste mejor. Tengo, pues, motivos para pensar que nuestros cañones sufrirán sin riesgo la explosión de los gases del piróxilo y darán resultados excelentes.
-Mucho más seguros estaremos de ello cuando los hayamos probado repuso Pencroff. Huelga decir que los cuatro cañones se hallaban en perfecto estado de conservación. Desde que habían sido sacados del agua, el marino se había ocupado en bruñirlos.
¡Cuántas horas había pasado frotándolos, dándoles grasa, pulimentándolos, limpiando el mecanismo del obturador y el tornillo de presión! Así, las piezas estaban a la sazón tan brillantes como si se encontrasen a bordo de una fragata de la marina de Estados Unidos. Aquel día, en presencia de todo el personal de la colonia, incluido maese Jup y Top, se probaron sucesivamente los cuatro cañones.