La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Lo cual es una fortuna -añadió Harbert-, porque, si hubieran encontrado el Buenaventura, se habrían apoderado de él para huir y no podríamos volver pronto a la isla Tabor.
-En efecto -dijo el periodista-, es importante llevar un documento que dé a conocer la situación de la isla Lincoln y la nueva residencia de Ayrton para el caso de que el yate escocés volviese.
-Pues bien, el Buenaventura está ahí dispuesto a todo, señor Spilett repuso el marino-. El y su tripulación están preparados para salir a la primera señal.
-Creo, Pencroff, que haremos eso luego que se termine nuestra expedición por la isla. Es posible que ese desconocido, si logramos encontrarlo, sepa mucho más que nosotros sobre la isla Lincoln y la Tabor. No olvidemos que es el autor del documento y quizás sabe a qué atenerse sobre la vuelta del yate.
-¡Mil diablos! -exclamó Pencroff-. ¿Quién puede ser ese hombre, ese personaje que nos conoce y a quien no conocemos? Si es un simple náufrago, ¿por qué se oculta? Somos buena gente, y la compañía de personas honradas no es desagradable para nadie. ¿Ha venido voluntariamente aquí? ¿Puede abandonar la isla si le da la gana? ¿Está todavía en ella? ¿Se ha marchado ya?