La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Y bien armados! -añadió Pencroff.
Se decidió inmediatamente que el Palacio de granito no quedase solo y que el negro permaneciese en él. Después de haber acompañado a los colonos hasta el arroyo de la Glicerina, debía levantar el puente y, oculto detrás de un árbol, aguardaría su vuelta o la de Ayrton. En caso de que los piratas se presentaran y trataran de atravesar el río, procuraría detenerlos a tiros y, en último resultado, se refugiaría en el Palacio de granito, donde, una vez levantado el ascensor, estaría seguro.
Ciro Smith, Gedeón Spilett, Harbert y Pencroff debían marchar inmediatamente a la dehesa y, si no encontraban a Ayrton, registrar los bosques de las cercanías.
A las seis de la mañana, el ingeniero y sus tres compañeros habían pasado el arroyo de la Glicerina y Nab se ponía en acecho detrás de una ligera eminencia coronada por grandes dragos en la orilla izquierda del arroyo. Los colonos, después de haber dejado la meseta de la Gran Vista, tomaron inmediatamente el camino de la dehesa. Llevaban el fusil al brazo, dispuestos a disparar a la menor demostración hostil. Las dos carabinas y los fusiles iban cargados con bala.
A cada lado del camino la arboleda era bastante espesa y podía ocultar a los malhechores, que a causa de sus armas habrían sido verdaderamente temibles.