La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Además, el hilo está roto -añadió Harbert mostrando los dos extremos de alambre separados con violencia.
-¿La rotura es reciente? -preguntó Ciro Smith.
-SÃ -dijo Harbert-. Es indudable que no hace mucho tiempo que se produjo.
-¡A la dehesa, a la dehesa! -exclamó el marino.
Los colonos estaban a mitad camino entre el Palacio de granito y la dehesa. Quedábanles dos millas y media que andar y echaron a correr. En efecto, debÃa presumirse que algún acontecimiento grave habÃa ocurrido en la dehesa. Sin duda Ayrton habrÃa podido enviar un telegrama que no habÃa llegado, pero esto no alarmaba a sus compañeros. HabÃa una circunstancia más inexplicable: Ayrton habÃa prometido estar de vuelta el dÃa antes por la noche y no habÃa aparecido. En fin, no sin motivo se habÃa interrumpido toda comunicación entre la dehesa y el Palacio de granito. ¿Y quiénes, sino los bandidos, podÃan tener interés en interrumpirla?
Los colonos corrÃan con el corazón oprimido por la emoción. Se interesaban sinceramente por su nuevo compañero: ¿le encontrarÃan muerto por quienes en otro tiempo habÃa sido jefe?