La Isla misteriosa

La Isla misteriosa

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En todo caso, lo que importaba era hacer la cura de las dos heridas sin tardar. No creyó necesario Gedeón Spilett excitar la salida de la sangre, lavándolas con agua tibia y comprimiendo los labios: la hemorragia había sido muy abundante y Harbert estaba demasiado debilitado por la pérdida de sangre.

Creyó, pues, que debía contentarse con lavar las dos heridas con agua fría.

Harbert estaba echado sobre el lado izquierdo y en esta posición fue mantenido.

-Es preciso que no se mueva -dijo Gedeón Spilett-. Está en la posición más favorable para que las heridas de la espalda y del pecho puedan supurar con facilidad. Necesita un reposo absoluto.

-¡Qué! ¿No podremos trasladarlo al Palacio de granito? -preguntó el marino.

-No, Pencroff -contestó el periodista.

-¡Maldición! -exclamó el marino, levantando los puños hacia el cielo.

-¡Pencroff! -dijo Ciro Smith.

Gedeón Spilett volvió a examinar al joven herido con atención. Harbert continuaba tan espantosamente pálido, que el periodista se turbó.

-Ciro -dijo-, yo no soy médico..., me encuentro en una perplejidad terrible. Debe ayudarme con sus consejos y su experiencia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker