La Isla misteriosa
La Isla misteriosa La convalecencia del joven enfermo marchaba regularmente y sólo deseaban que su estado permitiese trasladarlo al Palacio de granito. Por bien amueblada y provista que estuviese la habitación de la dehesa, no podían encontrar allí la comodidad ni la salubridad de la morada granítica. Además, no ofrecía la misma seguridad y sus huéspedes, a pesar de su vigilancia, continuaban bajo la amenaza de algún lazo de los presidiarios. Por el contrario, en el Palacio de granito, en medio de aquel asilo inaccesible e inexpugnable, nada tenían que temer y forzosamente había de frustrarse cualquier tentativa que se hiciera contra sus personas.
