La Isla misteriosa
La Isla misteriosa Ya no se cuidaron los colonos ni de los presidiarios ni de los peligros que amenazaban al Palacio de granito, ni de las ruinas de que estaba cubierta la meseta: la situación de Harbert lo dominaba todo. ¿Le había sido funesto el traslado, produciendo alguna lesión interior? 'El periodista no podía decirlo, pero él y sus compañeros estaban desesperados.
Llevaron el carricoche al recodo del río. Unas ramas dispuestas en forma de camilla recibieron los colchones en que descansaba Harbert desmayado. Diez minutos después, Ciro Smith, Gedeón Spilett y Pencroff estaban al pie de la muralla granítica, dejando a Nab el cuidado de conducir el vehículo a la meseta de la Gran Vista. El ascensor fue puesto en movimiento y en breve se halló Harbert tendido sobre su cama en el Palacio de granito. Los cuidados que le fueron prodigados le hicieron volver en sí. El joven sonrió un instante, por estar en su cuarto, pero apenas pudo murmurar algunas palabras, por su debilidad.
