La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -Casi le dan a uno ganas de haber estado moribundo -decía Pencroff. Durante todo aquel período los piratas no se habían presentado una sola vez en las inmediaciones del Palacio de granito. De Ayrton no había noticias y, si el ingeniero y Harbert conservaban todavía alguna esperanza de encontrarlo, sus compañeros no dudaban ya de que había sucumbido. Sin embargo, esta incertidumbre no podía durar y, cuando el joven estuviese completamente restablecido, debía emprenderse la expedición, cuyos resultados no podrían menos de ser importantes. Pero era preciso esperar un mes quizá, porque se necesitaban todas las fuerzas de la colonia, y aún más todavía, para combatir eficazmente a los presidiarios.
Harbert iba mejorando sensiblemente cada día. La congestión del hígado iba desapareciendo y las heridas podían considerarse definitivamente cicatrizadas.