La Isla misteriosa
La Isla misteriosa No dudaban que la guerra civil habÃa terminado ya y les parecÃa imposible que no hubiese triunfado la justa causa del Norte. Pero ¿cuáles habÃan sido los incidentes de aquella guerra terrible? ¿Cuánta sangre habÃa causado? ¿Qué amigos habÃan sucumbido en la lucha? Este era el tema frecuente de sus conversaciones, sin entrever el dÃa que podrÃan volver a su paÃs. Regresar a él, aunque no fuese más que por algunos dÃas, reanudar el lazo social con el mundo habitado, establecer una comunicación entre su patria y su isla y pasar después la mayor parte y la mejor quizá de su existencia en aquella colonia fundada por ellos y que pasarÃa a depender de la metrópoli, ¿era quizá un sueño irrealizable?
No habÃa más que dos medios de realizarlo: o vendrÃa algún dÃa un buque a las aguas de la isla Lincoln o los colonos construirÃan otro bastante fuerte para mantenerse en el mar y hacer la travesÃa hasta la tierra más próxima.
-A no ser -decÃa Pencroff-que nuestro genio nos dé los medios de volver a la patria.
Y si hubiesen ido a decir a Pencroff y a Nab que un buque de trescientas toneladas los esperaba en el golfo del Tiburón o en el puerto del Globo, no hubieran hecho el menor gesto de sorpresa. En este orden de ideas lo admitÃan y lo esperaban todo.