La Isla misteriosa
La Isla misteriosa -¡Es Top! ¡Es Top! -exclamó Harbert, que se acababa de levantar, y los tres se lanzaron hacia el orificio de las Chimeneas. Les costó trabajo salir; el viento los rechazaba; pero, por fin, salieron y no pudieron tenerse en pie sino asiéndose a las rocas. Se miraban sin poder hablar.
La oscuridad era absoluta; el mar, el cielo y la tierra se confundÃan en una igual intensidad de tinieblas. ParecÃa que no habÃa un átomo de luz difundida en la atmósfera.
Durante algunos minutos el corresponsal y sus compañeros permanecieron asÃ, como aplastados por la ráfaga, mojados por la lluvia, cegados por la arena. Después, oyeron una vez los ladridos en una calma de la tormenta y reconocieron que debÃan estar aún bastante lejos. No podÃa ser más que Top el que ladraba asÃ, pero ¿estaba solo o acompañado? Lo más probable era que estuviese solo, porque, admitiendo que Nab se hallara con él, se habrÃa dirigido a las Chimeneas.