La jornada de un periodista americano en 2890
La jornada de un periodista americano en 2890 —¡Aún nada! No logramos entender las señales de los jovianos. Quizás las nuestras no les llegan.
—¡Esto le concierne a usted y lo hago responsable, señor Cash! —respondió Francis Benett, que muy disgustado se dirigió a la sala de redacción cientÃfica.
Inclinados sobre sus calculadoras, treinta sabios se absorbÃan en ecuaciones de nonagésimo quinto grado. Algunos trabajaban incluso con fórmulas del infinito algebraico y del espacio de veinticuatro dimensiones como un escolar juega con las cuatro reglas de la aritmética.
Francis Benett cayó entre ellos como una bomba.
—¿Y bien, señores, qué me dicen? ¿Aún ninguna respuesta de Júpiter? ¡Será siempre lo mismo! Vamos, Corley, hace veinte años que usted estudia este planeta, me parece…
—¿Qué quiere usted, señor? —respondió el sabio interpelado—. Nuestra óptica aún deja mucho que desear e incluso con nuestros telescopios de tres kilómetros…
—¿Oyó eso, Peer? —interrumpió Francis Benett, dirigiéndose al colega de Corley—. ¡La óptica deja mucho que desear! … ¡Es su especialidad, mi querido amigo! ¡Ponga más lentes, qué diablos! ¡Ponga más lentes!
Luego regresó con Corley: