La jornada de un periodista americano en 2890
La jornada de un periodista americano en 2890 —¡SÃ! ¡Buen tiempo —murmura— y la publicidad aérea no es posible! ¿Qué hacer? ¡Si no se tratase más que de lluvia, podrÃamos producirla! ¡Pero no es lluvia, sino nubes lo que necesitamos!
—SÃ… hermosas nubes muy blancas —respondió el mecánico jefe.
—Bueno, señor Samuel Mark, se dirigirá usted a la redacción cientÃfica, servicio meteorológico. Les dirá de mi parte que se pongan a trabajar en el asunto de las nubes artificiales. Verdaderamente no podemos quedarnos asÃ, a merced del buen tiempo.
Tras haber acabado la inspección de las diversas divisiones del periódico, Francis Benett pasó al salón de recepción, donde lo esperaban los embajadores y ministros plenipotenciarios, acreditados ante el gobierno americano. Estos caballeros venÃan a buscar los consejos del todopoderoso director. En el momento en que Francis Benett entraba en el salón, estaban discutiendo con cierta animación.
—Que Su Excelencia me perdone —decÃa el embajador de Francia al embajador de Rusia—, pero para mà no hay nada que cambiar en el mapa de Europa. El Norte para los eslavos, ¡sea! ¡Pero el Sur para los latinos! Nuestra frontera común del Rin me parece excelente. Por otra parte, sépalo bien, mi gobierno resistirá cualquier maniobra que se haga contra nuestras prefecturas de Roma, Madrid y Viena.