La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Picaporte se volvÃa todo ojos y orejas. El señor Fogg aguardaba pacientemente sin pronunciar una sola palabra.
El parsi saltó a tierra, ató el elefante a un árbol y penetró en lo más espeso del bosque. Algunos minutos después volvió diciendo:
—Una procesión de brahmanes que vienen hacia aquÃ. Si es posible, procuremos no ser vistos.
El guÃa desató al elefante y lo condujo a una espesura, recomendando a los viajeros que no se apeasen, mientras él mismo estaba preparado para montar rápidamente en caso de hacerse necesaria la fuga. Creyó que la comitiva de fieles pasarÃa sin verlo, porque lo tupido de la enramada lo ocultaba completamente.
El ruido discordante de las voces e instrumentos se acercaba. Unos cantos monótonos se mezclaban con el toque de tambores y timbales. Pronto apareció bajo los árboles la cabeza de la procesión, a unos cincuenta pasos del puesto ocupado por el señor Fogg y sus compañeros. DistinguÃan con facilidad al través de las ramas el curioso personal de aquella ceremonia religiosa.