La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Detrás de esta joven —contraste violento a la vista— unos guardias, armados de sables desnudos que llevaban en el cinto y largas pistolas damasquinadas, conducÃan un cadáver sobre un palanquÃn.
Era el cuerpo de un anciano cubierto de sus opulentas vestiduras de rajá, llevando como en vida el turbante bordado de perlas, el vestido tejido de seda y oro, el cinturón de cachemir adiamantado y sus magnÃficas armas de prÃncipe hindú.
Después, unos músicos y una retaguardia de fanáticos, cuyos gritos cubrÃan a veces el estrépito atronador de los instrumentos, cerraban el cortejo.
Sir Francis miraba toda esta pompa con aire singularmente triste, y volviéndose hacia el guÃa le dijo:
—¡Un sutty!
El parsi hizo una seña afirmativa y puso un dedo en sus labios. La larga procesión se desplegó lentamente bajo los árboles, y bien pronto desaparecieron en la profundidad de la selva.
Poco a poco se amortiguaron. Hubo todavÃa algunas ráfagas de lejanos gritos, y por último, a todo este tumulto sucedió un profundo silencio.
Phileas Fogg habÃa oÃdo la palabra pronunciada por sir Francis Cromarty, y tan luego como la procesión desapareció, preguntó:
—¿Qué es un sutty?