La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Un sutty, señor Fogg —respondió el brigadier general— es un sacrificio humano, pero voluntario. Esa mujer que acabáis de ver será quemada mañana en las primeras horas del dÃa.
—¡Ah, pillos! —exclamó Picaporte, que no pudo contener este grito de indignación.
—¿Y el cadáver? —preguntó el señor Fogg.
—Es el del prÃncipe su marido —respondió el guÃa—, un rajá independiente de Bundelkund.
—¿Cómo? —replicó Phileas Fogg, sin que su voz revelase la menor emoción—. ¿Esas bárbaras costumbres subsisten todavÃa en la India, y los ingleses no han podido destruirlas?
—En la mayor parte de la India —respondió sir Francis Cromarty— esos sacrificios no se cumplen ya; pero no tenemos ninguna influencia sobre esas comarcas salvajes, y especialmente sobre ese territorio del Bundelkund. Toda la falda septentrional de los Vindhias es el teatro de muertes y saqueos incesantes.
—¡Desgraciada! —decÃa Picaporte—. ¡Quemada viva!