La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Sà —repuso el brigadier general—, quemada; y si no lo fuera, no podéis figuraros a qué miserable condición se verÃa reducida por sus mismos deudos. Le afeitarÃan la cabeza, le darÃan por alimentos algunos puñados de arroz, la rechazarÃan, serÃa considerada como una criatura inmunda, y morirÃa en algún rincón como un perro sarnoso. Por eso la perspectiva de esta horrible existencia, impele con frecuencia a esas desgraciadas al suplicio mucho más que el amor o el fanatismo religioso. Algunas veces, sin embargo, el sacrificio es realmente voluntario, y se necesita la intervención enérgica del gobierno para impedirlo. Asà es que, hace algunos años, yo residÃa en Bombay, cuando una joven viuda pidió al gobierno autorización para quemarse con el cuerpo del marido. Como podéis pensarlo, el gobierno la negó. Entonces la viuda fue a refugiarse al territorio de un rajá independiente, donde consumó su sacrificio.
Durante la relación del brigadier general, el guÃa movÃa la cabeza, y cuando aquél concluyó de hablar, éste último dijo:
—El sacrificio que ha de verificarse mañana al amanecer no es voluntario.
—¿Cómo lo sabéis?
—Es una historia que todo el mundo conoce en el Bundelkund —respondió el guÃa.
—Sin embargo, esa desventurada no parecÃa oponer resistencia —observó sir Francis Cromarty.