La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Se detuvieron y hablaron en voz baja.
—Aguardemos —dijo el brigadier general— no son más que las ocho todavÃa, y es posible que esos guardias sucumban también al sueño.
—Posible es en efecto —respondió el parsi.
Phileas Fogg y sus compañeros se recostaron, pues, al pie de un árbol y esperaron.
El tiempo les pareció largo. De vez en cuando el guÃa los dejaba e iba a observar.
Los guardias del rajá se huÃan siempre vigilando a la luz de las antorchas, y una luz vaga se filtraba por las ventanas de la pagoda.
Esperaron hasta medianoche. La situación no cambió. HabÃa afuera la misma vigilancia, y era evidente que no podÃa contarse con el sueño de los guardias. La embriaguez del hag les habÃa sido probablemente ahorrada. Era menester, pues, obrar de otro modo y penetrar por una abertura practicada en las murallas de la pagoda. Restaba la cuestión de saber si los sacerdotes vigilaban cerca de su vÃctima con tanto cuidado como los soldados en la puerta del templo.
Después de otra conversación, el guÃa estuvo dispuesto a marchar. El señor Fogg, sir Francis y Picaporte lo siguieron. Dieron una vuelta bastante larga a fin de alcanzar la pagoda por atrás.
A las doce y media de la noche llegaron al pie de los muros sin haber hallado a nadie.