La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Pero ¡contratiempo funesto! Aparecieron unos guardias al otro lado de la pagoda, instalándose allà para impedir la aproximación.
DifÃcil serÃa escribir el despecho de aquellos cuatro hombres interrumpidos en su tarea. Ahora que no podÃan llegar hasta la vÃctima, ¿cómo la salvarÃan? Sir Francis Cromarty se roÃa los puños. Picaporte estaba fuera de sà y apenas podÃa el guÃa contenerlo.
El impasible Fogg aguardaba sin expresar sus sentimientos.
—¿Ya no resta más que echar a andar? —preguntó el brigadier general en voz baja.
—No tenemos otro remedio —respondió el guÃa.
—Aguardad —dijo Fogg—. Me basta llegar a Allahabad antes de mediodÃa.
—Pero ¿qué esperáis? —respondió sir Francis Cromarty—. Dentro de algunas horas será de dÃa, y…
—La suerte, que nos es esquiva, puede aparecer en el supremo momento.
El brigadier general hubiera querido poder leer en los ojos de Phileas Fogg.
¿Con qué pensaba contar aquel inglés frÃo y calmoso? ¿QuerÃa precipitarse sobre la joven en el momento del suplicio y arrebatarla a sus verdugos abiertamente?