La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —A las ocho y media compareceréis ante el juez Obadiah.
Y luego se retiró cerrando la puerta.
—¡Vamos, nos han agarrado! —exclamó Picaporte dejándose caer sobre una silla.
Aouda procurando en vano disfrazar su emoción, dijo al señor Fogg:
—¡Es necesario que me abandonéis! ¡Os veis perseguido por mÃ! ¡Es por haberme salvado!
Phileas Fogg se contentó con responder que eso no era posible. ¡Perseguido por ese asunto del sutty! ¡Inadmisible! ¿Cómo se habÃan de atrever a presentarse los que se querellasen? HabÃa sin duda alguna equivocación. El señor Fogg añadió que, en todo caso, no abandonarÃa a la joven y la conducirÃa a Hong Kong.
—¡Pero el buque se marcha a las tres! —dijo Picaporte.
—Antes de las tres estaremos a bordo —respondió sencillamente el impasible caballero.
Quedó esto afirmado tan terminantemente que Picaporte no pudo menos de decir para sÃ:
—¡Diantre, cierto será! Antes de las dos estaremos a bordo.
Pero esto no lo tranquilizaba.