La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Y no estando Picaporte tan preocupado, hubiera visto en un rincón del pretorio al detective, que asistÃa al juicio con interés fácil de comprender, porque en Calcuta como en Bombay y como en Suez, no tenÃa aún el mandato de prisión.
Entretanto, el juez Obadiah habÃa tomado acta de la confesión, que se le habÃa escapado a Picaporte, quien hubiera dado todo lo que poseÃa por poder retirar sus imprudentes palabras.
—¿Los hechos se confiesan? —dijo el juez.
—Confesados —respondió el señor Fogg.
—Visto —repuso el juez— que la ley inglesa entiende proteger igual y rigurosamente todas las religiones de las poblaciones indias; estando el delito confesado por el señor Picaporte; convencido de haber profanado con sacrÃlego pie el pavimento de la pagoda de Malebar Hill, en Bombay, el dÃa 20 de octubre, condena al susodicho Picaporte a quince dÃas de prisión y una multa de trescientas libras.
—¿Trescientas libras? —exclamó Picaporte, que sólo se manifestó impresionado por la multa.
—¡Silencio! —dijo el alguacil con áspera voz.