La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Y —añadió el juez Obadiah—, considerando que no está materialmente probado que haya dejado de haber convivencia entre el criado y el amo, y que en todo caso éste es responsable de los hechos y gestiones de quienes tiene a su servicio, condeno al señor Phileas Fogg a ocho dÃas de prisión y ciento cincuenta libras de multa. Escribano, llamad a otros.
Fix, en su rincón, experimentaba una satisfacción indecible. Phileas Fogg, detenido ocho dÃas en Calcuta, era más de lo que necesitaba para dar tiempo a que el mandamiento llegase.
Picaporte estaba atolondrado. Esta sentencia arruinaba a su amo. Una apuesta de veinte mil libras perdida, y todo por haber tenido la curiosidad de entrar en aquella maldita pagoda.
Phileas Fogg, tan dueño de sÃ, como si la sentencia no le hubiese alcanzado, no habÃa movido tan siquiera las cejas. Pero en el momento en que el escribano llamaba a otro juicio, se levantó y dijo:
—Ofrezco caución.
—Tenéis el derecho de hacerlo —respondió el juez.
Fix sintió frÃo en sus fibras, pero recobró su tranquilidad cuando oyó que el juez, atendida la cualidad de extranjeros de Phileas Fogg y su criado, fijaba la caución para cada uno de ellos en la enorme suma de mil libras.