La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Eran dos mil libras más de gasto para el señor Fogg si no cumplÃa la condena.
—¡Pago! —exclamó el caballero.
Y retiró del saco que llevaba Picaporte un paquete de billetes de banco que dejó sobre la mesa del escribano.
—Esta suma os será devuelta al salir de la cárcel —dijo el juez—. Entretanto, estáis libre.
—Venid —dijo Phileas Fogg a su criado.
—¡Pero al menos que me devuelvan mis zapatos! —exclamó Picaporte con un movimiento de rabia.
Le devolvieron sus zapatos.
—¡Bien caros cuestan! —dijo entre dientes—. ¡Más de mil libras cada uno! ¡Sin contar que me hacen daño!
Picaporte siguió con actitud compungida al señor Fogg, que habÃa ofrecido su brazo a la joven. Fix esperaba todavÃa que el ladrón no se decidiera a perder la suma de dos mil libras y que cumplirÃa sus ocho dÃas de cárcel. Echó, pues, a andar tras el señor Fogg. Tomó éste un coche, en el cual Aouda, Picaporte y él subieron en seguida. Fix corrió detrás del coche, que se detuvo en uno de los muelles.