La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Diciendo esto, Picaporte bajó al salón. Allà no estaba su amo. Picaporte preguntó al sobrecargo cuál era el camarote que ocupaba el señor Fogg. El sobrecargo le contestó que no conocÃa a nadie que se llamara asÃ.
—Dispensad —dijo Picaporte, insistiendo—. Se trata de un caballero alto, frÃo, poco comunicativo, acompañado de una joven señora…
—No tenemos señoras jóvenes a bordo —respondió el sobrecargo—. Por lo demás, he aquà la lista de los pasajeros, y podéis consultarla.
Picaporte la leyó, y allà no figuraba el nombre de su amo.
Tuvo una especie de desvanecimiento. Ni una sola idea cruzó por su cerebro.
—Pero ¿estoy en el Carnatic? —preguntó.
—Sà —respondió el sobrecargo.
—¿En rumbo para Yokohama?
—Perfectamente.
Picaporte habÃa tenido, de pronto, el temor de haberse equivocado de buque. Pero, si él estaba en el Carnatic, era bien seguro que su amo no.