La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Ahora —dijo entre sÃ, después de restaurarse copiosamente— se trata de no perder la cabeza. Ya no tengo el recurso de vender esta vestidura por otra parte que sea todavÃa más japonesa. ¡Es necesario, pues, discurrir el medio de dejar lo más pronto posible este paÃs del Sol, del cual no guardaré más que un lamentable recuerdo!
Ocurrióle entonces visitar los vapores que estaban dispuestos a salir para América. Contaba con ofrecerse en calidad de cocinero o de criado, no pidiendo, por toda retribución, más que el pasaje y el sustento. Una vez en San Francisco, tratarÃa de salir de apuros. Lo importante era salvar las cuatro mil setecientas millas del PacÃfico que se extienden entre el Japón y el Nuevo Mundo.
No siendo Picaporte hombre que dejase dormir una idea, se dirigió al puerto de Yokohama; pero, a medida de que se acercaba a los muelles, su proyecto, que tan sencillo le habÃa parecido al concebirlo, lo iba considerando impracticable. ¿Por qué habÃan de necesitar cocinero a bordo de un vapor americano, y qué confianza debÃa inspirar del modo que iba ataviado? ¿Qué recomendaciones podÃa ofrecer? ¿Qué personas podrÃan ayudarle?
Estando asÃ, reflexionando, cayó su vista sobre un inmenso cartel, que una especie de clown paseaba por las calles de Yokohama. Ese cartel decÃa, en inglés, lo siguiente: