La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¡Ese tunante, que me referÃa un montón de historias sobre los meridianos, el sol y la luna! —repetÃa Picaporte—. ¡Vaya una gente! ¡Si la escuchasen, buena relojerÃa habrÃa! Ya estaba yo seguro que algún dÃa se decidirÃa el sol a arreglarse por mi reloj.
Picaporte ignoraba que, si la muestra de su reloj hubiese estado dividida en veinticuatro horas, en vez de doce, como los relojes italianos, no hubiera tenido motivo ninguno de triunfo, porque las manecillas de su instrumento, cuando fuesen las nueve de la mañana, señalarÃan las de la noche; es decir, la hora vigésima primera después de medianoche, diferencia precisamente igual a la que existe entre Londres y el meridiano, que está a 180 grados.
Pero si Fix hubiera sido capaz de explicar ese efecto, puramente fÃsico, Picaporte no lo habrÃa comprendido ni admitido; además de que si en aquel momento, el inspector de policÃa se hubiese presentado a bordo, es probable que Picaporte le ajustara cuentas, y de un modo muy diferente.
¿Y dónde estaba Fix entonces?
Precisamente a bordo del General Grant.