La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas En aquel momento, hubo entre la multitud un movimiento considerable. Todas las manos estaban al aire. Algunas de ellas, sólidamente cerradas, se elevaban y bajaban, al parecer, entre vociferaciones, maneras enérgicas, sin duda de formular un voto. Aquella masa de gente estaba agitada por remolinos que semejaban las olas del mar. Las banderas oscilaban, desaparecÃan un momento y reaparecÃan hechas jirones. Las ondulaciones de la marejada se propagaban hasta la escalera, mientras que todas las cabezas cabrilleaban en la superficie como la mar movida súbitamente por un chubasco. El número de sombreros bajaba a la vista, y casi todos parecÃan haber perdido su natural normal.
—Esto es evidentemente un mitin —dijo Fix—, y la cuestión que lo ha provocado debe ser palpitante. No me extrañarÃa que se tratase nuevamente la cuestión del Alabama, aunque está resuelta.
—Tal vez —repitió sencillamente el señor Fogg.
—En todo caso —repuso Fix—, hay dos campeones en la liza: el honorable Kamerfield y el honorable Madiboy.