La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Quizá haremos bien en no meternos entre esa batahola, porque sólo se reparten golpes.
—En efecto —respondió Phileas Fogg—; y los puñetazos, aunque tengan el carácter de polÃticos, no dejan de ser puñetazos.
Fix creyó conveniente sonreÃr al oÃr esta observación, y a fin de ver sin ser atropellados, la princesa Aouda, Phileas Fogg y él tomaron sitio en el descanso superior de unas gradas que dominaban la calle. Delante de ellos, y en la acera de enfrente, entre la tienda de un carbonero y un almacén de petróleo, se extendÃa un ancho mostrador al aire libre, hacia el cual convergÃan las diversas corrientes de la multitud.
¿Y por qué aquel mitin? ¿Con qué motivo se celebraba? Phileas Fogg lo ignoraba absolutamente. ¿Se trataba del nombramiento de un alto funcionario militar o civil, de un gobernador de Estado o de un miembro del Congreso? Permitido era conjeturarlo, al ver la animación extraordinaria que tenÃa agitada a la población entera.